Donde termina la vía férrea y empieza el Atlántico. Nuadibú se asienta en la península de Cabo Blanco, en el noroeste de Mauritania, frente a una bahía que la resguarda del océano. La ciudad nació de la pesca, que sigue siendo parte de su vida, pero su rostro cambió en 1964, con la finalización de un muelle especializado y de un ferrocarril de 674 kilómetros hasta las montañas de hierro, cerca de Zuerat y Fderik. Desde entonces el puerto es la salida del mineral de hierro mauritano hacia Europa y Estados Unidos. La ciudad cuenta con un aeropuerto internacional, y muy cerca está el Parque Nacional del Banco de Arguin, patrimonio mundial de la UNESCO desde 1989.
Nuadibú
Qué ver
Península de Cabo Blanco (Râs Nouadhibou)
Franja de tierra donde el desierto del Sáhara se encuentra con el océano Atlántico, la península de Cabo Blanco, o Râs Nouadhibou, constituye la frontera natural de la bahía de Dakhlet Nouadhibou. Repartida entre Mauritania al sur y el Sáhara Occidental al norte, alberga en su parte mauritana la ciudad de Nuadibú, capital económica del país. El cabo es ante todo un enclave natural de primer orden: constituye una reserva satélite del Parque Nacional del Banco de Arguin. Aunque el parque principal está inscrito en el patrimonio mundial de la UNESCO desde 1989, la reserva de Cabo Blanco quedó expresamente excluida de esa inscripción. Esta protección busca preservar un ecosistema único, moldeado por el encuentro del desierto y el océano, y salvaguardar especies amenazadas. La península ofrece paisajes contrastados, entre acantilados que se hunden en el océano y las aguas serenas de la bahía. Su mayor riqueza es la biodiversidad: los acantilados acogen una de las colonias más importantes del mundo de foca monje del Mediterráneo (Monachus monachus), especie clasificada como «Vulnerable» por la UICN tras unos esfuerzos de conservación que han permitido un claro aumento de su población. Las cuevas al pie de los acantilados sirven de refugio y lugar de reproducción, y la observación de estos mamíferos marinos se hace a distancia, para respetar su tranquilidad. El lugar es además punto de paso y descanso de numerosas aves migratorias entre Europa y África: los aficionados a la ornitología pueden observar pelícanos, gaviotas, charranes y cormoranes. El propio paisaje, con sus acantilados de arena roja y su antiguo faro, ofrece un espectáculo natural notable.