🇲🇷 Mauritania

El Beyed

A 600 kilómetros al noreste de Nuakchot, El Beyed es una aldea diminuta situada en un circo rocoso, sobre el lecho de un antiguo curso de agua donde aún resisten unas pocas acacias que ofrecen algo de sombra. Alrededor de las chozas y de las jaimas —las tiendas cuadradas de los nómadas— el escenario es sobrecogedor: mesetas tabulares a un lado y campos de dunas que trepan por los acantilados al otro. Aquí no llueve desde hace años; la vegetación se aferra al menor intersticio, las familias están dispersas a lo largo de unos diez kilómetros y los pozos suelen ser salobres. El único edificio de obra es la escuela, levantada por una ONG.

Pero El Beyed es, ante todo, uno de los grandes yacimientos prehistóricos del planeta. El suelo está literalmente sembrado de bifaces —la herramienta universal del Paleolítico, tallada aquí desde hace más de 600.000 años y empleada para despellejar, cortar y raspar—. A ellos se suman hachas, puntas de flecha, cerámicas y numerosos grabados rupestres. Pese al expolio de comerciantes sin escrúpulos, el yacimiento sigue siendo excepcional.

La acogida corre a cargo de Yeslem, jefe de la aldea, que prospectó durante años junto a Théodore Monod y que, siguiendo su consejo, creó un pequeño museo local a la espera del día en que llegue el turismo. En los alrededores se descubren los restos de un antiguo fuerte de la época colonial francesa, una guelta —una poza natural de agua permanente, rareza absoluta en esta zona, de la que depende por completo un campamento situado ocho kilómetros aguas abajo—, cárcavas que atestiguan tormentas antiguas y cordones dunares asentados sobre las líneas de cresta.

El Beyed hay que merecerlo: ninguna infraestructura turística, apenas un vehículo en días enteros, pero un silencio, una hospitalidad y una profundidad histórica que pocos lugares del mundo pueden ofrecer.